Síndrome del impostor en el trabajo: qué hacer con él el lunes
Por qué aparece justo después de un ascenso, en qué conversaciones concretas te cuesta dinero y qué hacer cuando la sensación no se va con argumentos.
· 6 min de lectura · Equipo de Valor
Casi todo lo que se escribe sobre el síndrome del impostor termina en el mismo sitio: reconoce tus logros, haz una lista de tus éxitos, recuerda que mereces estar donde estás.
Cualquiera que lo haya sentido sabe que eso no funciona. La sensación no está construida con argumentos, así que no se desmonta con argumentos. Puedes tener la lista delante y seguir convencido de que este caso es distinto.
Lo que sí se puede hacer es otra cosa: identificar las tres o cuatro situaciones concretas en las que esa sensación te cuesta dinero, y actuar distinto en esas.
De dónde sale, y por qué justo ahora
Pauline Clance y Suzanne Imes lo describieron en 1978 estudiando a mujeres profesionales de alto rendimiento que atribuían sus logros a la suerte o al error de otros. No es un diagnóstico clínico. Es un patrón de pensamiento, y aparece con más fuerza en un momento muy concreto: cuando cambia lo que se espera de ti.
Ahí hay algo que casi nunca se dice y que explica bastante.
Cuando hacías un trabajo técnico, tenías una señal diaria. Terminabas algo, funcionaba o no funcionaba, y sabías si el día había ido bien. Al pasar a dirigir, esa señal desaparece. El resultado de una buena decisión tarda tres meses en verse, y el de una mala también. Pasas semanas enteras en reuniones sin poder responder a la pregunta más básica: ¿lo estoy haciendo bien?
Buena parte de lo que se vive como sensación de fraude es en realidad la lectura equivocada de un hecho real: todavía no tienes una forma de medir. No es que no sirvas, es que no tienes el instrumento.
Dónde cuesta dinero, literalmente
La sensación en sí no tiene coste. El coste está en cuatro conductas concretas, y todas se pueden cambiar sin cambiar cómo te sientes.
1. No pedir lo que vale tu trabajo
Es el más caro y el más medible. Quien se siente en deuda con su puesto no negocia, acepta. Y no lo hace por falta de información sobre el mercado, sino porque pedir implica afirmar que vales eso, que es exactamente la afirmación que la sensación bloquea.
Vago
Sé que igual no es el mejor momento y entiendo perfectamente si no se puede, pero quería preguntar si en algún momento se podría revisar mi salario.
Concreto
Quiero hablar de mi salario. Llevo un año llevando la cuenta de Nexo, que era la parte de Miguel. El rango para lo que hago está entre 52 y 58, y quiero llegar a 55.
Fíjate en que la segunda versión no requiere sentirse seguro. Requiere haber preparado tres datos y decirlos sin disculpa previa. Cómo se prepara está en cómo pedir un aumento de sueldo.
2. No discrepar con quien está por encima
Aquí el razonamiento interno es «si yo lo veo distinto, probablemente es que no lo entiendo». A veces es cierto. La mayoría de las veces lo que tienes es una información que la otra persona no tiene, y callártela no protege a nadie.
La forma de decirlo cuando no te sientes con autoridad es aportar el dato en lugar de la opinión: no «creo que es un error», sino «antes de cerrarlo, hay algo que quizá no está sobre la mesa».
3. Sobrepreparar hasta que ya no rinde
Preparar de más da la sensación de estar compensando, pero pasa un punto en el que solo consume tiempo. La cuarta revisión de una presentación no la mejora, y las tres horas que costó salieron de otro sitio.
La regla práctica es fijar el tiempo antes de empezar, no el nivel de acabado, porque el nivel de acabado siempre se puede subir un poco más.
4. No aceptar cosas para las que no te sientes listo
Nadie se siente listo. La gente que acepta esas oportunidades no tiene menos dudas, tiene otra regla de decisión: si alguien que conoce el trabajo cree que puedo, mi propia sensación no es la mejor fuente de información disponible.
Qué decir cuando aparece en medio de una conversación
Hay un momento muy concreto: estás hablando, notas que la voz se te va, y aparece el impulso de suavizar lo que acabas de decir. «Bueno, tampoco es tan importante.» «Igual soy yo que lo veo así.»
Esa retirada es el punto donde la sensación se convierte en coste. Lo que has dicho era correcto hasta esa frase.
Esa última es contraintuitiva y se sostiene bien en la práctica: quien admite un hueco concreto resulta más creíble en todo lo demás. Lo que erosiona la credibilidad no es no saber algo, es la respuesta vaga que suena a que no se quiere admitir.
Lo que sí ayuda de verdad
Tres cosas, y ninguna consiste en convencerse de nada.
Construir la señal que perdiste. Si dirigir te quitó el entregable diario, invéntate uno: dos o tres indicadores que dependan de tu trabajo y que puedas mirar cada semana. Cuántas decisiones pendientes cerraste, cuántas conversaciones difíciles tuviste en vez de aplazarlas. No es medición seria, es un sustituto de la señal, y quita bastante ruido.
Preguntar en concreto, no en general. «¿Cómo lo estoy haciendo?» recibe respuestas educadas e inútiles. «¿Qué debería estar haciendo distinto en las reuniones de producto?» recibe información. La segunda pregunta también da miedo, y esa es la señal de que es la buena.
Hablarlo con alguien que ya pasó por ahí. No para que te tranquilicen, sino para descubrir el dato que más ayuda: que la persona que parecía tenerlo todo controlado en su primer año tampoco lo tenía.
Esto no funciona si el entorno te está diciendo lo mismo que tu cabeza. Cuando el jefe te quita responsabilidades y los proyectos buenos van a otro, eso no es síndrome del impostor: es información. Vale la pena separar las dos cosas antes de tratarlo como un problema de confianza.
La sensación llega después, no antes
El orden que casi todo el mundo espera es sentirse seguro y entonces actuar. En la práctica funciona al revés: haces la conversación incómoda cinco veces, y alrededor de la quinta la sensación baja sola.
Por eso la pregunta útil no es cómo dejar de sentirse así, sino cuál es la conversación concreta que estás aplazando por esto y cuándo la vas a tener. Las que más se aplazan y cómo se estructuran están en comunicación asertiva.
Y conviene recordar que leer sobre ello no cuenta como una de las cinco veces.
Preguntas que suele hacer la gente
¿Qué es el síndrome del impostor?+
Es la sensación persistente de que tus logros no se deben a tu capacidad y de que en algún momento alguien lo va a descubrir. El término lo acuñaron las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978. No es un diagnóstico clínico, es un patrón de pensamiento muy frecuente, sobre todo en momentos de cambio de rol.
¿Por qué aparece justo después de un ascenso?+
Porque un ascenso cambia la señal con la que medías si lo estabas haciendo bien. Antes había un entregable al final del día. Después hay reuniones y decisiones cuyo resultado tarda meses en verse. La sensación de fraude suele ser la lectura equivocada de un hecho real: que todavía no tienes una forma de saber si vas bien.
¿Cómo se supera el síndrome del impostor?+
No discutiendo con la sensación, porque no responde a argumentos. Lo que sí funciona es actuar como si no estuviera en las tres o cuatro situaciones concretas donde te cuesta dinero: pedir lo que vales, discrepar con alguien por encima de ti y decir que no. La sensación baja después de la conducta, no antes.
¿El síndrome del impostor afecta más a las mujeres?+
El estudio original de 1978 se hizo con mujeres profesionales y de ahí viene la asociación. La investigación posterior lo encuentra en todos los grupos, aunque las consecuencias no se reparten igual: en entornos donde alguien es la excepción visible, la duda propia se refuerza con señales externas y cuesta más distinguir una cosa de la otra.
¿Es siempre negativo sentirse así?+
En dosis pequeñas, no. La duda razonable hace que prepares más y escuches mejor, y suele acompañar a quien acaba de aprender lo suficiente como para ver todo lo que le falta. Se vuelve un problema cuando cambia tu conducta: cuando dejas de pedir, de opinar o de aceptar oportunidades por miedo a que te descubran.
Practícala antes de tenerla
Practica esta conversación con Taylor esta noche.
Te lo ganaste, tienes los números. Ahora dilo en voz alta. En Valor se lo dices en voz alta a Taylor, director de ingeniería, que se resiste igual que lo haría de verdad. Diez minutos y una puntuación que te dice qué llegó realmente.
El aumento
Taylor, Director de ingeniería · 3 niveles
Sigue leyendo
Cómo pedir un aumento de sueldo (o un ascenso) y no salir con un quizás
Qué preparar, cuándo pedirlo, qué cifra decir y cómo responder a las cuatro respuestas típicas, incluida la que suena a sí y no compromete a nada.
Comunicación asertiva en el trabajo: qué decir cuando cuesta
La asertividad no es un rasgo de carácter, es una estructura de tres partes. Qué decir, palabra por palabra, en las conversaciones que más se aplazan.
Tipos de liderazgo: cuál usar y en qué conversación se nota
Los estilos de liderazgo que de verdad se usan, en qué situación funciona cada uno y cómo se nota tu estilo por defecto en las conversaciones difíciles.